El tributo de las tres vacas
EL TRATADO O TRIBUTO DE LAS TRES VACAS.
El próximo 13 de julio se conmemora en la frontera franco-española, en el lugar conocido como Piedra de San Martín, en el mojón de límite fronterizo nº 262, el tributo o tratado conocido como de las tres vacas. Es el Tratado internacional en vigor más antiguo de Europa, declarado Bien de Interés Cultural por el Gobierno Foral de Navarra (24/01/2011) y reconocido su papel histórico por La Comunidad de Trabajo de los Pirineos (Toulouse 21/10/2011) como uno de los principales referentes de las relaciones transfronterizas en los Pirineos, reconociendo su valor como Patrimonio Cultural Inmaterial.
El Tratado es consecuencia de los conflictos de orden pastoral y gestión de los territorios frontera, precisamente porque la frontera no estaba definida como tal. Todo esto era fuente de querellas difíciles de evitar, su solución no se podía regular por los Gobiernos Centrales, porque dur
ante siglos los valles pirenaicos eran independientes y casi soberanos como ha señalado el historiador francés Cavailles. Según este historiador, cada valle tenía su ley y sus tribunales, tribunales que se formaban entre vecinos de ambos valles cuando había que juzgar las infracciones cometidas contra las normas establecidas en los «Tratados de Paz.
En este contexto en el “Tratado de las Tres Vacas” se encuentran interesantes elementos que nos indican el funcionamiento de esta área pirenaica como un territorio casi autónomo respecto a los correspondientes Estados Centrales. Se trató de un conflicto largo y sangriento que enfrentó a unos pastores del pueblo de Issor (Baretous) con otros de Isaba (Roncal) pero la organización del territorio en valles hizo que tal conflicto se extendiese al conjunto de ellos. Las causas fueron el aprovechamiento de unas fuentes y pastos sobre las que ambas comunidades se consideraban con derechos.
Para solucionarlo intervinieron en un principio los Órganos Jurídicos del Vizcondado de Bearne (el vizconde Gastón) y del reino de Navarra (Carlos II). Unos y otros fracasaron y al final las
dos partes en conflicto llamaron a los ansotanos para que actuaran como jueces. Así, el 16 de octubre de 1375 «seis hombres buenos de Ansó» con el Alcalde Sancho Gracia a la cabeza dictaron la sentencia arbitral en un juicio que tuvo como marco el atrio de la Iglesia Parroquial de San Pedro en Ansó.
Para el veredicto se estudiaron cartas públicas et escritos de mediación de reyes, caballeros, obispos… lo que demuestra que el conflicto venía de muy antiguo. La sentencia de los ansotanos obligaba a los baretoneses a pagar a los roncaleses, en lo sucesivo y el 13 de julio de cada año, tres vacas «de dos años, de un mismo pelaje y cornaje y sin tacha de lesión alguna». Tributo que se ha venido cumpliendo constantemente a pesar de que, en ciertos momentos, hubo intentos de sustitución por pago en metálico o supresión. Además, bajo el control de los ansotanos se amojonaban los límites entre los puertos conflictivos y se indicaban las normas de regulación del aprovechamiento de pastos y aguas, que eran la causa principal del conflicto.
El fallo fue eficaz pues a partir de ese momento no se conocen nuevos conflictos como los ocurridos hasta entonces. Ello demuestra que los habitantes de las montañas eran los mejor capacitados para emitir unos veredictos más justos que los de los Órganos Jurídicos del vizcondado de Bea
rne y del reino de Navarra, puesto que conocían mejor las costumbres, derechos y formas de vida de sus vecinos, en definitiva, conocían mejor el funcionamiento de los valles y la vida en la montaña.
Desde 1375 este Tributo solamente se ha dejado de conmemorar en dos ocasiones. La primera en 1797, durante la guerra de convención que enfrentaba a Francia y España. En ese momento el ejército francés no dejó subir a los franceses al encuentro con los españoles en la frontera; sin embargo, unas semanas más tarde los baretoneses dejaron por la noche atadas en la plaza de Isaba las tres vacas, pues, afirmaban, que ni las guerras entre los Estados español y francés podían evit
ar cumplir la palabra dada a los habitantes pirenaicos. La segunda ocasión en que dejó de celebrarse este tributo fue durante la última guerra cuando los alemanes ocupaban el sur de Francia e impidieron que se subiese a la frontera para evitar que se aprovechase la ocasión para posibles fugas.
Así, cada 13 de julio se conmemoran estos acontecimientos en la Piedra de San Martín junto al actual mojón 262 que señala la frontera entre Francia y España. Un acto al que acuden los representantes políticos de los 3 valles pirenaicos y, en presencia de las autoridades regionales, con las manos entrelazadas sobre la roca, juran el pax avant. Un acto simbólico y en la actualidad festivo que reivindica la frontera como lugar de encuentro y no de separación, de ahí su reconocimiento como Bien Cultural Inmaterial de interés internacional.